Respuesta a Kumari -- Álvaro
Creo que en ocasiones es necesario dar una explicación, y ésta es una de ellas. Kumari me critica la censura de un párrafo de su último mensaje dedicado a dar una interpretación al fenómeno de los judíos en la Alemania de entreguerras, como causante principal del surgimiento del nazismo.
Lo primero que debo decir es que, como moderador y titular del blog, tengo una responsabilidad. Y debo mirar muy bien lo que se publica en esta página. No suelo intervenir, como todos sabrán, pero hay temas que requieren de una sensibilidad muy especial, y en los cuales la libertad de expresión tiene un límite. Un límite que, si se traspasa, puede dañar la imagen de quien ha emitido opiniones especialmente atrevidas. El Holocausto y el nazismo es uno de esos temas con los cuales me parece inadmisible frivolizar y, desde luego, en la medida en que yo sea el administrador del foro, no lo permitiré.
Yo creo, Kumari, que el límite se había traspasado en el párrafo que borré. No evidentemente porque usted defendiese ninguna de las barbaridades que hicieron los nazis, de lo cual estoy seguro, sino porque su interpretación de lo que ocurrió en aquellos años es simplemente errónea y compararla con lo que está sucediendo hoy no puede hacer sino arrojar más prejuicios contra los que, ya con una reputación moral en equilibrio precario, hablamos del derecho a controlar y elegir a los inmigrantes.
Dice usted que los judíos entonces "habían llegado" a Alemania y se hicieron con todo. Pero eso no fue exactamente así. Los judíos llevaban siglos en Europa, tantos, que formaban una parte absolutamente indispensable de la identidad no sólo de Alemania sino de Francia, Italia, el Imperio Austrohúngaro o los países eslavos. El momento de su llegada se perdía en la memoria. Y no fue su actitud o su ataque a las normas sociales o económicas lo que produjo la oleada de odio que desembocó en el nazismo y el Holocausto, sino más bien al contrario: el antisemitismo atribuible a distintas causas que pululaba por Europa desde hacía siglos, y que se había recrudecido en las últimas décadas (recuerde el affaire Dreyfuss a fines del siglo XIX en Francia), fue el que, ante la crisis económica desencadenada en Alemania y otros países por una mezcla de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y las de la quiebra de la Bolsa de Nueva York, provocó que se eligiera a los judíos como cabeza de turco en la que expiar las insatisfacciones muy reales de la sociedad. En las décadas anteriores se había distribuido por toda Europa un libro falsificado, los Protocolos de los Sabios de Sión, donde se describía una supuesta trama judía para apoderarse del gobierno del mundo. Aun después del descubrimiento de que era una falsificación, mucha gente en Europa y América leyó el libro con la fe del previamente convencido. Esa corriente se utilizó desde el año 33 para sumar apoyos a los nazis.
Porque eso de que los judíos se habían "apoderado" de la economía alemana no era cierto. En Alemania y en Europa muchas empresas estaban en manos de judíos, sí, pero se trataba de ciudadanos de los países en que habitaban con muchas generaciones tras de sí en esos mismos lugares y, sobre todo, sin ningún sentimiento de rechazo a Europa. Al revés, probablemente se trataba de algunas de las personas que mejor representaban el espíritu europeo de libertades y logros intelectuales: Einstein, Karl Marx, Kafka, y otros muchos que ahora no soy capaz de recordar. Y, del mismo modo, muchos judíos eran tan pobres como las masas europeas que los culpaban de su propia indigencia. Muchos más, como ocurre siempre, que los que eran ricos.
¿Paralelismos con la situación actual? Prácticamente ninguno. Ahora mismo vivimos en un continente poco a poco ocupado por una serie de personas que, en el caso de los musulmanes, en lugar de obsequiarnos con algunos de los mejores logros intelectuales o artísticos de Europa, de momento sólo nos han obsequiado con unas cuantas bombas, dos centenares de muertos, y disturbios constantes, por cualquier causa y con total violencia. Gente que sí que acaba de llegar (y no me refiero ya sólo a los musulmanes), que no tiene ningún vínculo con las tierras a las que ha llegado a vivir, y que en cambio viene exigiendo no sé cuántas reparaciones históricas y económicas. Y un aluvión de derechos y privilegios -sobre todo económicos, los culturales les importan un bledo- que a nosotros, incluidos los judíos de Europa que lucharon en primera línea para conseguirlos, nos ha costado mucho lograr. Nuestra frustración por lo tanto es distinta: nosotros ante estos inmigrantes empezamos desprejuiciados y estamos acabando acumulando todos los prejuicios posibles, que ya, de puro confirmados, se convierten en simples juicios que pocas veces fallan. Ése es el tema: los judíos centroeuropeos no eran ningún caballo de Troya, y remaban en el mismo sentido que los europeos cristianos, mientras que estos inmigrantes de hoy sí que son una bomba de relojería alojada en el seno de nuestro continente, y reman en sentido absolutamente contrario. Pretenden llevarnos, y lo están consiguiendo, a una barbarie cotidiana que con actitudes como la de Perla, dicho sea de paso, ayudamos nosotros mismos a fomentar.
Era sólo eso, Kumari. Creo que bastante estigma sufrimos los que nos enfrentamos a la idea de que la inmigración es positiva como para encima suministrar a los poco reflexivos rivales dialécticos que tenemos, razones para recluirnos en el territorio de la extrema derecha tergiversadora.

2 Comments:
Muy bien, pero dígame por qué también me borra de ese mismo post otro párrafo en que digo que no sé que pimientos pintan las tropas en el Libano
Por ese otro párrafo sí que le pido disculpas. Yo no lo recuerdo, así que es posible que borrando el primero ése se fuera pegado. Comprenderá que a estas alturas no voy a censurar textos para defender al gobierno socialista, creo que de sobra he demostrado en todo este tiempo que lo único que hacía era dedicar horas a publicar sin mayores intervenciones lo que ustedes me enviaban.
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